Una breve introducción: “UX and the City” es una nueva sección que pretende sacar la experiencia de usuario al mundo real, analizando los aciertos y fallos en el uso de distintos entornos. Algunos comentarios pueden invalidarme para una futura carrera política.

Vives en Madrid, no muy lejos del centro. Entre tu casa y tu trabajo hay 5,5 km. En Metro el trayecto se realiza en aproximadamente media hora y dos transbordos. En bicicleta, medio de transporte que utilizas desde hace años, el tiempo es similar. Pero ir en bici es: 1) más barato, a no ser que te roben la bici y te tengas que comprar una, y 2) más sano, a no ser que te comas el humo de todos los tubos de escape del Paseo de la Castellana.

Por suerte, caes en la cuenta de que hay un carril bici que recorre paralelamente parte de tu trayecto: la calle Serrano desde María de Molina hasta su inicio junto a la puerta de Alcalá.

Esa alternativa supone grandes ventajas: evitas el peligro y contaminación del tráfico y tienes un paseo más agradable y tranquilo. Cumple su función y, teniendo en cuenta que es uno de los pocos trayectos equipados por el centro de la ciudad, se agradece su existencia. Pero dista mucho de ser una experiencia completamente satisfactoria. Aunque supongo que cualquier forma de moverse por Madrid está lejos de serlo.

Como las aliteraciones me hacen sentir bien y resultan bastante memorables, resumiré los problemas encontrados tras algo más de un año de uso con las tres “I”: invisibilidad , insuficiencia e inconsistencia.

Invisibilidad.

En UX la invisibilidad no tiene por que ser mala. Que el diseño de esa experiencia sea invisible es algo bueno y hace que la experiencia se perciba como algo natural.

Pero este es un juego multijugador y hay que tener claro donde juega cada usuario para no darse de morros con los turistas, paseantes, runners, contenedores de basura y motos aparcadas que te encuentras en el camino. También es habitual encontrarte transportistas en carga y descarga, pero oye, ellos al menos están trabajando.

El carril se encuentra situado en el extremo de la acera, con un pequeño margen que permite la colocación de farolas antes del limite de la misma. Cuando se inauguró no había apenas marcas distintivas en el carril, se integraba como parte de la acera tan solo con un tratamiento diferente en la construcción del suelo.

Después se añadieron unas líneas gruesas de goma negra rematadas con reflectantes que han sido restauradas a principios del mes de Mayo (curiosamente antes de las elecciones municipales, sigh).

Pese a todo, los problemas de visibilidad persisten.

Insuficiencia.

Como mencionaba antes, el trayecto de la calle Serrano es uno de los pocos que encontramos en el centro de la ciudad. Tras este tramo se extiende por la calle Alcalá, cruza la Puerta del Sol y llega casi hasta la Plaza mayor.

Pero centrándonos solo en el tramo de Serrano lo que resulta insuficiente es el ancho del carril: cómodo para transitar en un sentido, se convierte en algo complicado cuando te encuentres a alguien de frente.

La solución ha sido cuanto menos curiosa. Designar un único sentido para el carril y complementarlo con las ya-no-tan-recientemente estrenadas “ciclocalles”, carriles dentro del asfalto con limitación de velocidad y con bicis pintadas.

Así, con la última restauración del carril, se cambió la señalización del carril bici. Antes tenia “prioridad” en su recorrido hacia el Parque del Retiro, mientras que ahora es en sentido contrario ya que la propia calle (con su carril “ciclocalle”) se recorre hacia el parque.

El problema de las “ciclocalles” es que desde el colectivo ciclista son percibidas como más peligrosas e interactuar con el trafico produce cierto nivel de inseguridad y frustración. Al menos a mi.

Así que nos encontramos con pequeños enfrentamientos entre ciclistas que circulan en ambas direcciones por un carril sin el ancho suficiente. Si a esto le sumas la velocidad que alcanzan las “maquinas” de biciMad nos encontramos con un duelo digno de Mad Max: Dos entran y solo uno sale.

Inconsistencia.

Puede parecer mentira, pero en la calle Serrano vive una cantidad sorprendente de gente. Y también hay gente que trabaja. Y mucha de esta gente se mueve en coche y tiene garaje. Por tanto hay que facilitar también la entrada y salida de vehículos por la acera.

Esto hace que el carril esté salpicado de desniveles para la salida de coches. Desniveles que convierten la experiencia de conducción en una aventura. Pasas del circuito urbano al trial cada pocos metros, pones en juego tus suspensiones o tus reflejos para esquivarlos. Te conviertes en uno de los Bicivoladores.

Muchos ciclistas, para evitar estos sobresaltos, ni siquiera usan el carril bici durante gran parte del trayecto.

¿Soluciones?

No creo que sea una prioridad. Sería mucho más lógico fomentar otros proyectos como dotar al eje Castellana/Recoletos/Prado, una arteria más “natural” de la ciudad, de estas instalaciones y hacerlo bien. Es difícil ver la necesidad que puede tener una calle como Serrano de estas instalaciones.

Aún así, sin ser urbanista pero siendo diseñador, ahí van algunas ideas para hacer el trayecto más “disfrutable” para todos.

  • Alinear las farolas con los arboles, dejando libre espacio suficiente para la inclusión de un carril en cada sentido.
  • Rebajar la altura del carril, dejándolo a una cota intermedia entre la calzada y el resto de la acera. Así se conseguiría una separación física entre entornos y, con unas menores rampas entre los niveles, se permitiría la entrada y salida de vehículos sin problemas.
  • Pavimento diferenciado.

propuesta carril bici serrano

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