No me comas la cabeza, novela romantica paranormal adolescente

Capitulo 1: La muerte dulce, el alcohol frio

Era una noche heladora de finales de octubre. De esas en las que las calles, hasta las más concurridas, se vacían. La prohibición flagrante de beber en la calle había desplazado la costumbre del botellón a zonas más alejadas del centro. Y más tranquilas. Los cementerios.

Para Patricia era la primera vez. Llevaba apenas un mes en la ciudad, estudiando duramente, adaptándose a las clases, la residencia, su excéntrica compañera de habitación. Fue ella la que le hizo ir, pese a sus reticencias.

- Vega tía, anímate. No puedes pasar todos los jueves estudiando. Lo de estudiar es lo de menos en la universidad, lo que importa es conocer gente- Dijo Carmen, su compañera de habitación. – Y emborracharse claro.

De camino al cementerio el peso de las botellas tiraba de uno de sus brazos, el de Carmen, muerta de miedo, del otro. Conforme se iban adentrando en el cementerio el ruido de la gente hablando, gritando y riendo aumentaba, al igual que la música discotequera que salía de los teléfonos móviles.

- Vamos a despertar a los muertos. – dijo Patricia entre dientes, pero no fueron ellos quienes los despertaron.

Al otro lado del cementerio pasaba algo, los pájaros estaban inquietos y huían de los árboles. Unos alumnos de primer año de medicina bastante borrachos se habían colado en la morgue y jugaban a “Anatomía de Grey” con los cadáveres, bueno, a la parte de “Anatomía de Grey” que sucede en los quirófanos, no a la de las habitaciones, cocinas, armarios de la limpieza…

- ¡Tenemos que recuperarlo! – dijo el más borracho de ellos.- 10 mililitros de vodka negro con lima… y para él también.

- No responde – dijo otro. – tendremos que pasar a RCP.

- No tenemos RCP idiota, esto es una morgue.

- Espera. – dijo mientras cortaba un par de cables que chisporrotearon al  cruzarlos.

Acercó los cables al pecho del cadáver, riendo, ante la cara embobada del otro. Al hacer contacto fue él el que se llevo la descarga y cayó de espaldas mientras se fundían las luces.

En la oscuridad, el otro estudiante corrió hacia él, tropezando con la camilla y tirando el cadáver.

- Tío ¿estas bien? – dijo mientras zarandeaba el cuerpo. Pero este no respondía.

Entonces acerco  la cara a su nariz y se dio cuenta de que no respiraba. – Mierda. – pensó, y tras darle un par de vueltas a la cabeza y un trago a su botella empezó a hacerle el boca a boca. Sin resultado.

- ¡Joder! ¡Tío, despierta! ¡No puedes hacerme esto!

- ¿Hacerte qué? – dijo una voz a unos dos metros de distancia.

La luz de emergencia se activó y vio a su amigo incorporándose y al cadáver con la boca abierta a 10 centímetros de la suya.  Se apartó rápidamente y se tomó el resto de la botella de un trago. Los dos se echaron a reír.

Pero de repente una mano salió de la nada y le agarró del cuello. El  cadáver se incorporó y se lanzó a su cuello. Le debía haber cogido cariño. El otro chico salió corriendo gritando.

A la mañana siguiente Sergio se sentía mal. La cabeza le ardía y su estomago  no paraba de rugir. Se sentía torpe y lento. Le costaba recordar lo sucedido aquella noche, solo que estaba en el botellón y una punzada en la espalda. Una resaca fuerte pensó. No volvería a comprar alcohol en los chinos. Abrió la nevera, pero el olor de todo le daba arcadas, pero extrañamente esos filetes que llevaban un par de semanas ahí le empezaron a parecer apetitosos.

Patricia estaba enfadada, la noche y las intenciones de conocer gente no habían ido muy bien. Solo encontró chicos borrachos que no le miraban más arriba del cuello. Creía que en la universidad su inteligencia sería lo importante. Se puso la bata y salió al pasillo. La residencia parecía desierta, demasiado sileciosa pese a que ya era más tarde de medio día. La sala de televisión también estaba vacía. Puso el canal de historia. Sergio apareció lentamente por su espalda, haciendo que Patricia se sobresaltara.

- ¡Joder! Que susto. – soltó mientras intentaba recuperar el aliento.

- Per.. perdón… ¿qué…? ¿Qué… ves..? – preguntó Sergio.

- Es un documental sobre la peste en el siglo XIV. ¿Te interesa?

-Sí… yo.. estudiar… estudio.. estudio medicina. – respondió Sergio, sintiéndose aun torpe. – Pareces muy inteligente.  Me gusta…

- Por fin un tío que le interesa mi cerebro. – Pensó Patricia mientras Sergio la miraba a los ojos, con cara somnolienta, algo ida.

Continuará… si queréis…

oct, 31 · in ficciones rebeldes

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